En una caja sencilla, rodeado por 61 sacerdotes, su féretro revestido por una casulla blanca, y sobre ella los Santos Evangelios, los restos mortales de don Teodosio Herrera recibieron ayer sepultura en la iglesia de San José Obrero, que él mismo construyó, y en el hueco, junto al altar de la Virgen Grande, que él había decidido que fuera su última morada.
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Presidió los oficios religiosos el obispo de la diócesis, monseñor Vilaplana, quien fue tutor legal de don Teodosio durante los más de dos años de su enfermedad, don Luis Ormazábal, y el párroco de San José Obrero, don Jesús Fernández. El resto, hasta 61, eran sacerdotes llegados de la práctica totalidad de las parroquias y conventos de Cantabria. Tambien estuvo arropado por las Hermanas de San José, quienes desde hace más de cien años cuidan de los ancianos de la Fundación Asilo y en los últimos años, con especial esmero, de don Teodosio, mermado por la enfermedad de su energía y enjundia.
El cortejo fúnebre fue presidido por Merche Pisano, vicepresidenta de la Fundación y la persona en la que siempre don Teodosio depositó su confianza.
En su homilía, sencilla y evocadora de la figura del párroco emérito de Torrelavega desde hacía 60 años, monseñor Vilaplana resaltó, como no podía ser de otra manera, la personalidad recia de don Teodosio, pero sobre todo su capacidad de trabajo en una vida extensa, dedicada a hacer obras sociales y religiosas, no sólo en Torrelvega sino también en la región.
La lectura del Santo Evangelio se ciñó a la parábola de los talentos, que le sirvió al obispo para compararla con la vida de don Teodosio: " El señor reparte sus dones como quiere y a don Teodosio le puso en sus manos unos talentos que él hizo crecer y fructificar al servicio de la iglesia y de su ciudad", dijo Vilaplana. Resaltó el hecho, de que hubiera muerto el día 1 de mayo, festividad de San José Obrero, patrón de los trabajadores y de la buena muerte, y por el que don Teodosio sentía una gran devoción.
Hablo de él como de un hombre "extraordinario, dotado con unas cualidades excepcionales, trabajador incansable que dió su vida por Cristo". Vilaplana dijo conocer el secreto de la vida de don Teodosio: "Creía y adoraba a Jesuscristo en la Eucaristía y al Sagrado Corazón de Jesús. Se sentía sobrecogido por Jesucristo en la Eucaristía" y terminó su omilía con una súplica: " Señor, concédele que pueda reclinar su cabeza sobre tu pecho y descansar escuchando los latidos de tu corazón, después de una vida de trabajo".
Terminada la Eucaristía fue leída por don Luis Ormazabal una entrañable carta del Arzobispo de Oviedo, monseñor Carlos Osoro, que fue sacerdote de la Virgen de la Asunción siendo párroco don Teodosio. El arzobispo, que no pudo asistir como hubiera sido su deseo, dijo que aplicaba la misa que en ese momento oficiaba en Pola de Laviana por el eterno descanso de su alma. Al final del funeral, que fue seguido por centenares de fieles, fue enterrado en el lugar por él elegido, el mismo en el que, durante décadas tuvo un cartel en el que recordaba a los feligreses que aquela ilgesia se había hecho con limosnas, por lo que necesitaba sus donativos.
N. Bolado / I. Glez |