Desde un nuevo panorama socio-sanitario en el que se ha alargado considerablemente la media de vida, debemos reflexionar sobre los cambios sociales que esto supone.
Actualmente podemos centrar nuestra atención en la aparición de la cuarta edad. Personas de edad muy elevada en las que se acentúan los problemas de salud, económicos, y de soledad que ya padece la tercera edad.
Es obvio que el ideal de todo ser humano es vivir y envejecer en su propia casa pero esta longevidad de la que hablamos dificulta enormemente este deseo. La dependencia se hace cada vez más notoria, convirtiéndose los cuidados de una tercera persona en algo imprescindible para una mínima calidad de vida.
Cierto es que existen servicios programados (ayuda a domicilio, la teleasistencia,...) para alargar la estancia en el hogar, pero se hacen claramente insuficientes cuando hablamos de situaciones graves de dependencia que afloran con la aparición de la cuarta edad.
Se sabe que son las residencias el servicio más adecuado para tratar el problema de la dependencia. De esta manera se resuelven problemas de salud y cuidados, así como otros problemas de soledad, rehabilitación, ocio, etc...
En las residencias geriátricas es donde más notamos este gran avance de la dependencia. Los eféctos principales que se aprecian son el aislaminto de la persona y la falta de participación en actividades de ocio y entretenimiento. Por ello es importante replantearse los programas y actividades lúdicos de las residencias, adaptándolos a esas nuevas necesidades y limitaciones que padece la persona dependiente.
Por el futuro de nuestros mayores es conveniente atender el problema de la dependencia desde una nueva perspectiva, afrontando nuevos retos sociales e impulsando nuevas iniciativas que se adapten a las necesidades de la reciénte llegada cuarta edad.
Judith Eguren
Asistente Social |